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Abogados especializados en mesotelioma

Una historia de indeferencia cruel

El asbesto se conoce desde tiempos remotos – y por tanto el daño que puede causar. El primer registro de dicho daño no corresponde al año 1897, como algunas fuentes indican, sino a cerca de dos mil años antes. Plinio el Viejo, el filósofo y naturalista romano, sugirió durante el primer siglo D.C. que los esclavos que trabajaban en las minas de asbesto debían utilizar “mascarillas de respiración” hechas con pieles delgadas de animales para evitar la inhalación del polvo de asbesto, al que él le atribuía enfermedades pulmonares mortíferas.

Con el correr de los siglos, no faltaron pruebas de que la exposición al asbesto causaba enfermedades pulmonares y la consiguiente muerte; incluso las empresas que obtuvieron ganancias a partir de la utilización y venta de asbestos no sólo no hicieron nada para proteger a sus trabajadores de los riesgos, sino que escondieron activamente dichos peligros del público y del gobierno para seguir beneficiándose del uso de la fatal “fibra milagrosa”.

Esta es la historia de conspiración y ocultamiento que provocó lo que algunos portavoces de la industria de los seguros han denominado sentencias “obscenamente elevadas”. La obscenidad no se encuentra en el monto de la sentencia, sino en la indiferencia cruel que la industria del asbesto ha mostrado en su trato con el público y sus trabajadores por más de cinco décadas. La investigación de los documentos y testimonios presentados ante la justicia durante las últimas décadas retrata de manera escalofriante a la industria que prioriza ahorrar algunos centavos por sobre las vidas de quienes han trabajado para ellos y las del público en general.

Encontramos memos privados, informes marcados como “Confidencial” y discusiones acerca de las formas de “limitar el daño” – no respecto de la salud de los trabajadores y sus familias, sino de las ganancias de la empresa. Sólo algunas selecciones de los anales de las demandas contra el asbesto muestran la clase de indiferencia cruel que costará aproximadamente la muerte de 5.000 personas solo este año.


Los peligros del asbesto ya se conocían en la década del 40
; sin embargo, las empresas no hicieron ningún esfuerzo para proteger o advertirles a los trabajadores sobre los peligros de la exposición. En el caso de la exposición al asbesto, el lamento no es “deberían haber sabido” sino Sí sabían – y conspiraron activamente para ocultar dicho conocimiento del gobierno, de sus trabajadores y del público.

  • En 1948, la empresa Owens-Corning Glass Company descubrió a partir del departamento de laboratorio que un nuevo producto, el Kaylo, producía “fibrosis”, típica de la asbestosis, en los pulmones de los animales de laboratorio. El director del laboratorio declaró que la empresa “estará en una mejor posición para establecer medidas de control para proteger a los empleados expuestos”. En su lugar, promocionaron a Kaylo como un producto “liviano, de agradable manipulación, no irritante y no tóxico”.
  • En un informe con fecha del 12 de abril de 1949, el departamento de investigación de Standard Oil de New Jersey (luego se convertiría en Exxon) se enumeraba los contaminantes presentes en la planta, junto con los riesgos conocidos. Entre ellos se encontraba que las condiciones del “sílice y asbesto” causaban “silicosis, fibrosis, eritemas y cáncer de pulmón”. El informe fue sellado como “Confidencial de la empresa – Prohibida su publicación en el presente”. Nunca fue publicado ni tampoco se tomaron medidas de seguridad.
  • En 1949, la Corporación Johns-Manville adoptó una política formal de la empresa de NO comunicarles a sus empleados cuando sus exámenes físicos indicaban que tenían asbestosis. No sólo no les advirtieron a sus empleados acerca de los riesgos del asbesto, sino que prefirieron ocultar información médica vital, que les podría haber permitido tratarse o prevenir mayores daños por la exposición continua.
  • En 1964, la empresa Philip Carey Manufacturing contrató a un médico para investigar los efectos del asbesto en sus trabajadores. El Dr. Thomas Mancuso informó que,

    Hay una asociación irrefutable entre el asbesto y el cáncer…Hay evidencia sugerente… de cáncer de estómago, colon y también de recto. Hay evidencia sustancial de que el cáncer y el mesotelioma se desarrollaron en los grupos expuestos ambientalmente, es decir, debido a la contaminación del aire para los grupos que viven cerca de las plantas y minas de asbesto. Se han establecido pruebas de desarrollo de cáncer en los miembros de la familia. El mesotelioma se desarrolló entre las esposas, que lavan y planchan la ropa de los trabajadores de asbesto. Se ha presentado evidencia sustancial que las exposiciones leves e intermitentes son suficientes para causar cáncer de pulmón y mesotelioma (Bowker, Michael. 2003. Fatal Deception: The Terrifying True Story of How Asbestos Is Killing America. Pág. 171).

    La reacción de la empresa fue despedir al Dr. Mancuso y quemar el informe.

Las empresas mencionadas anteriormente son sólo unas de las pocas que conspiraron para ocultarles a sus trabajadores los peligros del asbesto. La lista de empresas involucradas incluye nombres sumamente conocidos, como los de Honeywell, Dow, Dupont, Travelers Insurance, Metropolitan Life, General Motors, Ford y General Electric. En algunos casos, fueron demasiado lejos, al punto de no cumplir con las normas de seguridad básicas, que podrían haber limitado el daño hecho, para evitar “alamar” a los empleados y causar pánico. Pocas empresas, por ejemplo, instalaron duchas para que sus empleados se ducharan y cambiaran antes de irse de la planta, lo que habría reducido la exposición de los miembros de la familia.

Hacia la década del 70, las empresas de seguros se dieron cuenta de que estaban enfrentando una gran crisis que les costaría mil millones de dólares en daños. A partir de la década del 60, todos los memos refieren al carácter confidencial de cualquier tipo de descubrimiento, acuerdo o información acerca del asbesto. Empresas conocidas a nivel nacional, como Metropolitan Life, se peleaban por encargarse de los controles de daños, pero no haciendo hincapié en los estándares de seguridad que debían cumplirse, sino encubriendo los informes sobre daños y muertes.

Sería bueno creer que, una vez que el gobierno considere oficialmente al asbesto como un contaminante peligroso y prohíba muchos de sus usos, se terminarían los encubrimientos y las empresas involucradas colaborarían en la limpieza luego de ellos mimos. La acusación ingresada contra la empresa W. R. Grace Company en febrero de 2005 pone en evidencia que ese no fue el caso.

Los detalles de la acusación de más de 20 años de memos internos, estudios e informes evidencia que la administración de W.R. Grace Company sabía, sin ninguna duda, que su producto estaba contaminado con asbesto y que el asbesto causaba
mesotelioma
, placas pleurales
y otras enfermedades pulmonares.

A pesar de dicho conocimiento, W.R. Grace Company no les advirtió a sus trabajadores o la comunidad que estaban en peligro. De hecho, la empresa ocultó activamente los resultados de los estudios y las investigaciones, editó las conclusiones de los informes, y negó el permiso a publicar los informes que podrían haber alertado a la población. Aún más terrible es que la empresa, sabiendo que los materiales estaban contaminados con asbestos, les entregó a las escuelas primarias y secundarias de la comunidad relaves de las plantas para la construcción de pistas de atletismo y de patinaje sobre hielo; de esta manera, expuso a muchos niños a las fibras de asbesto del aire. Entre 1976 y 1992, la empresa se negó a revelarles al gobierno y otras empresas, con las que ellos hacían negocios, la presencia de asbestos en la vermiculita que procesaban para la comunidad.

Un estudio de Libby, Montana, donde se encuentra la mina de vermiculita de W.R. Grace, demuestra que la incidencia del mesotelioma y otras enfermedades relacionadas con el asbesto es al menos un 30% superior que en la población general. La lectura de los cargos contra W.R. Grace Company en la acusación, con su lenguaje legal y lacónico, implica ejercitar la incredulidad – es más, el comportamiento del equipo gerencial de W.R. Grace Company es típico de las empresas que usaron y fabricaron productos que contienen asbesto.

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